Por: Benjamín Díaz Salazar *

La Valenciana abre una ventana interpretativa sobre la realidad de la administración pública en nuestro país, la indiferencia de la sociedad civil por la toma de decisiones y, claro está, el ostracismo condenatorio de la sustentabilidad ambiental. El plan eco sustentable de la Unidad Habitacional La Valenciana en 2009 puso sobre la mesa elementos importantes: las energías renovables, la re utilización de aguas pluviales, cuidado y re forestación de áreas verdes y, sobre todo, una educación ambiental para el cuidado de los huertos y jardines verticales. Sin embargo, ¿qué de aquello se logró? Sin tapujos puedo admitir que nada.

            Los vecinos ven ahora con recelo enormes pedazos de pared pintadas de verde por el impermeabilizante utilizado, otros menos afortunados observan cómo en una lateral de su edificio cuelga una estructura gigantesca llena de tierra, de hojas secas y de fauna nociva que decide anidar. Y mientras el envío de cartas a la delegación continúa para mover las instalaciones restantes, se pierden entre escombros y la basura dos millones de pesos.

            Mientras los pequeños habitantes de “La Valenciana” juegan en espacios por demás denigrantes, justo al lado se privatiza una cuadra en favor de un templo religioso con extensas áreas verdes y una enorme barda que impide su disfrute. Es ahí donde la sustentabilidad poco importa y preocupa más la subsistencia, por no ser asaltado camino al trabajo o de vuelta a casa; esperando que al llegar se encuentren todos los bienes materiales que con esfuerzo se adquirieron.

            Es ahí donde debe radicar la sustentabilidad ambiental, en una conciencia ciudadana, pero que no imponga medidas “bonitas” para la foto, sino que resulten de verdadera utilidad para este diálogo entre los habitantes y su medio, con miras a preservar, verdaderamente, un espacio para las generaciones futuras.

Comparto a ustedes el link del texto en extenso

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