Por Benjamín Díaz Salazar

En 2010, el INEGI contabilizó 8 851 080 habitantes en la Ciudad de México, de los cuales 1 815 786 viven en la demarcación de Iztapalapa. Con el 20 % de la población total de la capital, es considerada la delegación con el mayor número de problemas de carácter social, económico y ambiental. Con un nombre que carga la raíz de su problema, Iztapalapa o “el lugar de las lajas sobre el agua”, enfrenta día con día un desabasto del agua, una mala calidad en el poco líquido que llega los hogares y un claro problema habitacional.

            En 2009, el gobierno del entonces Distrito Federal, a cargo de Marcelo Ebrard Casaubón, impulsó de la mano de la polémica delegada, Clara Brugada, un proyecto modelo de sustentabilidad ambiental en una zona habitacional. La unidad habitacional “La Valenciana”, se coronó como la primera de las ocho proyectadas, llamadas unidades ecológicas.

            La inversión de 2 millones de pesos permitió a los habitantes de la colonia Juan Escutia, en los límites con el municipio de Nezahualcóyotl, disfrutar de una zona habitacional totalmente sustentable. Tinacos que recibían el agua pluvial, jardines horizontales por goteo colocados en las fachadas de los edificios, calentadores solares, captadores de energía solar y otros tantos instrumentos dignos de un premio en ecología, fueron colocados en “La Valenciana”.

            Se dotó a los vecinos de un jugoso presupuesto para adquirir lámparas ahorradoras y echar a andar los huertos comunitarios. Según declaraciones del momento, el ahorro del gas sería del 75 por ciento y la plusvalía de los departamentos aumentaría considerablemente por los beneficios otorgados. Sin embargo, el encanto por la “unidad ecológica” fue corto y al poco tiempo devinieron los problemas de mantenimiento.

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Unidad “La Valenciana”. Foto tomada de Jardines Verticales

Según el periódico La Jornada, la unidad “La Valenciana” sufre de un abandono y sequía. Los elementos ecosustentables, como calentadores solares y captadores de energía, fueron robados o destruidos. Los tinacos fueron sustraídos y las canaletas que funcionan para el uso del agua pluvial son ahora un nido de gatos y demás fauna nociva.

¿Qué pasó con el proyecto “La Valenciana”? Lo mismo que ocurre con los proyectos habitacionales: son abandonados por la falta de sostenimiento económico. Es decir, se utilizan campañas ecológicas para agrandar el peso político, pero se abandona el principal interés: la población.

            La sustentabilidad es un juguete de la política, caro y de difícil mantenimiento. El verdadero problema radica en la pose para la foto, pues se busca demostrar que se actúa en pos de la comunidad, pero tan solo el tiempo que dura el flash. Será menester evaluar los logros y alcances del proyecto “La Valenciana” así como algunas otras iniciativas sobre el manejo del agua a lo largo del módulo, pero sobre todo, la atención se centrará en las políticas públicas vinculadas con la sustentabilidad en Iztapalapa.

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